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sábado, 25 de mayo de 2013

Capítulo 22.

Sus rizos oscuros, aunque húmedos por los copos de nieve que los decoran, tintinean en cuanto gira la cabeza para mirarnos. Primero se topa con mis ojos y luego con los de Samantha. Ni siquiera le ha dado tiempo a asustarse, por lo que directamente muestra una pequeña sonrisa, que casi destaca sus hoyuelos. No puedo evitarlo, ni contenerlo, rodeo su flacucho cuerpo con mis brazos.
 
 -Me tenías tan preocupada... - susurro deshaciendo el estrecho abrazo. La rubia no le abraza, pero le sonríe tristemente. Él se levanta de su rincón y nos ofrece las bayas con las manos rojizas de sujetarlas. Ambas, hambrientas, las aceptamos. Pues al fin y al cabo, no tiene motivos para querer asesinarnos, y él mismo está comiéndolas. 
 
 Guiamos a Joulley hacia nuestro tosco refugio, donde le cobijamos en la pequeña manta que conseguimos en el baño de sangre. No sé que hora será, pues el cielo sigue oscuro, únicamente iluminado por una luna creciente, y un par de estrellas débiles a su alrededor. Yo me encojo en un ovillo, cubriendo lo poco que me queda de turno para hacer guardia. Me falta algo, una chispa de calor que este frío me ha arrebatado. En unos segundos me doy cuenta de que ese anhelo no corresponde a una temperatura más cálida. No, corresponde al abrazo de Dan. Dan... capullo encantador. Y pensar que hace unos meses era la persona a la que más odiaba en este mundo... También extraño a Danae. Esa mujer que si no hubiese estado en mi vida, yo me habría roto hace mucho. ¿Qué andará haciendo en casa? Mi terror nocturno aumenta por momentos, pero también mi sueño. Mis párpados amenazan con cerrarse. Agito el hombro a Samantha, esta me mira y asiente. Se incorpora y toma mi posición. Yo me acurruco junto a Joulley y en cuestión de segundos me he ido. Me he ido a casa. 


 Cuando despierto, un rayo de sol amarillo intenso se cuela entre mis ojos, cegándome durante un instante. Pero no da calor. ¿Por qué? Después, cuando mi mano roza el suelo y se hunde en él, me doy cuenta. Mi mano está fría y helada. El suelo blanco como la ni... repleto de nieve. La luz me da una buena sensación. Pero se acaba, cuando me doy cuenta de algo. Estoy sola. 
 
 Samantha y Joulley no están. Sus cosas siguen aquí, pero no hay rastro de lo demás. Han borrado las huellas y cubierto con las ramas sobresalientes del árbol el pequeño refugio de modo que no esté a descubierto para otros tributos. Es un riesgo grande, claro, pero parece haber salido bien. Lo mejor de todo es que hay un hacha en el suelo, y una nota escrita en la tierra del suelo. ''Volveremos pronto, hemos ido a cazar. J y S.'' Bien, ¿y ahora qué? ¿Qué hago yo para cubrir este tiempo? Tengo que pensar en algo que me ocupe, porque si no empezaré a pensar. Y no es algo que me convenga hacer. Lo primero que se me ocurre es tallar unos palos, para que sirvan de pequeñas lanzas o flechas para Samantha.
 
 Me centro en mi labor y estoy con ello un buen rato, hasta que mi estómago empieza a quejarse. ''¿Dónde se habrán metido?'' pienso inquieta. No puedo estar sola. No puedo. Un cañonazo me hiela la sangre. No puedo más. Me cargo la mochila a la espalda y, con el hacha en la mano, salgo del refugio a toda prisa. Tengo que dar saltos para que la circulación vuelva a funcionarme. Ese cañonazo... ¿Y si es de alguno de ellos? Las probabilidades son muy escasas, pero existentes. Corro esquivando árboles. ¿Corro hacia dónde? No tengo ni la menor idea de dónde estoy, y eso no hace otra cosa sino aumentar mi miedo. 

 Es  entonces cuando sucede. Mi tobillo sufre un fuerte tirón y yo chillo del dolor. Aprieto los dientes y pongo mi otra pierna paralela a la dañada, pues si no, no solo me hago daño en el pie, también en las caderas. Estoy colgada boca abajo. Estoy atrapada. En cuestión de minutos puede que muerta. Intento doblar mi espalda hacia arriba, pero es inútil, no soy tan flexible. Nacen mis lágrimas desesperadas, que caen por mi frente a causa de la gravedad. Unos pasos suenan a mi espalda, hundiéndose en la espesa nieve, quiero girarme, quiero y necesito ver la cara de mi asesino, pero no puedo. Está cada vez más cerca. Cierro los ojos fuertemente, esperando mi muerte.

2 comentarios:

Malena Prior Hawthorne dijo...

NO NO NO NO.
Primeros suzanne collins, luego veronica roth, despues cassandra clare.
Y AHORA TU! POR QUE AMAS SER TAN MALVADA????
como Skiley muero juro que voy por mutos

Johisky dijo...

Oh, me alegro de ver que después de tanto tiempo que estuve sin escribir me quede algún lector xD.
Pero no es justo que me compares con esas diosas de la escritura. En cuanto a Sky, tendrás que ver el próximo capítulo.
Gracias por leer :3