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domingo, 21 de octubre de 2012

Capítulo 6.

 La estación de tren del capitolio está a rebosar, jamás en mi vida había visto tanta multitud sin contar la cosecha, aunque se acerca a esta. La gente chilla como loca al ver nuestro tren deteniéndose frente a ellos. Yo los miro desde la ventana con gesto aburrido. Son completamente diferentes a la gente de los distritos, y no solo porque ellos no corran el peligro de morir encerrados en un estadio junto con otras veintitrés personas. Además, nosotros tenemos sentido del ridículo, cosa que estos no parecen tener. Son odiosos, aclamándonos, fingiendo que nos quieren, que somos su favoritos. Cuando estemos a las puertas de la muerte se reirán y lo disfrutarán como unos cretinos.

 Joulley los mira, pero no con la misma expresión que yo, veo en su mirada que teme lo que sabe que le va a pasar, sabe que toda esta gente no apostará por un niño flacucho de doce años. Lo único que se me ocurre es algo de lo que me arrepiento poco después. Le aprieto cariñosamente la mano, pero el remordimiento es instantáneo, ¿por qué lo he echo? Sólo puede quedar uno, y si quiero volver a casa viva, no he de hacer amigos. Pero éste niño es mi debilidad, éste niño me recuerda a la que fue mi mejor amiga, y a la que no volvió a casa. Y éste niño, puede correr la misma suerte que ella.

 Sin embargo, él me agarra con fuerza, no quiere que le suelte, y yo no lo hago. No hasta que nos separan y nos meten en un gran edificio. El edificio en el que nos ''Convertirán'' en personas.

 Nos escoltan hasta dentro y nos encierran a cada uno en una brillante sala blanca cegadora. No soy consciente de lo que va a pasar, hasta que tres coloridos y chillones capitoilenses, entran dando saltitos por la puerta.

 ''Camina por el mismo bosque, desorientado el segundo día de los juegos. Tiene hambre y no ha visto ni una sola presa desde que estos empezaron. Su alimentación pasa a consistir en corteza de árboles y algún pequeñísimo abuso de sus valiosas tiras de cecina. Su botella ya está medio vacía, y tampoco ha encontrado ninguna fuente de agua que no sea una pequeña llovizna de madrugada. Eso me hace encogerme hora tras hora en el sillón de la pequeña salita del orfanato. Es Gaby Weir, fuerte y apuesto. Algún patrocinador estará dispuesto a ayudarle. ¡Tienen que estarlo! Sin embargo el tiempo pasa sin que nada le caiga del cielo.

 Cuando llega la tarde, mi hermano se sube a un árbol para descansar, está completamente agotado, y hace ya un tiempo que se le agotó el agua. Escucha unos ruidos de unos arbustos, por lo que se queda muy quieto, en silencio, mientras que la manada de profesionales, ansiosos de sangre, caminan bajo sus pies.''

  Me ''trabajan'' como si fuese un trozo de carne que tienen que cocinar urgentemente, se deshacen de todo rastro de pelo de todas las zonas posibles del cuerpo. Parezco un pollo desplumado en cuanto acaban de hacerlo. Seguidamente, me llenan la piel de todo tipo de potingues y cremas extrañas que se llevan imperfecciones, restos de pelo y piel de por medio.

 -¿Qué hacemos con su pelo? - pregunta en un acento agudo y desagradable Tivara, cuyo cabello gris y rosa se agita cuando habla.

 Les dirijo una mirada envenenada y me agarro a mi trenza con fuerza. Danae me la hizo y, aunque en algún momento deba deshacerla, no quiero que sean estos tres... ''monstruos'' quienes lo hagan. Tivara no es la más extraña, a pesar de sus pestañas extremadamente largas. También está Caltazor, un hombre cuarentón - que intenta desesperadamente parecer joven - cuya piel azul reluce por todo su cuerpo, mostrando especial atención en su incipiente calva, tatuada con extraños dibujos negros; y Verdiana, de piel bronceada, pelo, ojos y labios de un color verde bosque bastante cautivador, lo que más sorprende de su ''arboleado'' aspecto, son sus menuditas orejas, que acaban en forma de punta. Si mi equipo de preparación es así, no quiero imaginarme como debe ser mi estilista.

 -Eso lo decidiré yo. - dice una voz serena, pero firme, que entra por la puerta. Dirijo mi mirada hacia ella.

 Es alta, y esbelta. Sin embargo, no parece haber modificado nada de su cuerpo quirúrgicamente, tal vez su pelo, pues llega de forma antinatural, voluminoso y rizado, hasta sus pantorrillas. Una vez, Danae me contó un cuento popular, de siglos de antigüedad, en el que una joven muchacha tenía el pelo largo y largo, que podía soltar por la ventana del torreón en el que su malvada madrastra la encerraba para que su príncipe azul trepase con ayuda de él, creo recordar que se llamaba ''Rapunzel''. El de esta mujer es de un negro oscuro, oscurísimo, un negro tan intenso como el carbón. Sus ojos brillan azulados como Zafiros, esas piedras azules con las que trabajan en el distrito uno, pues es el encargado de los artículos de lujo y de las joyas. También sorprenden sus labios, que son de un rojo tan intenso como la sangre, solo que algo más claro. Por lo demás, parece no haber alterado mucho más.

 -Buenos días, Zafira. - saluda Verdiana cuando esta pasa delante de los tres para examinarme. Es mi estilista, lo que sospechaba.

 -Skiley Weir. - dice mi nombre, mientras camina a mi alrededor, fijandose en cada uno de los detalles de mi cuerpo desnudo. roza la trenza con sus dedos. -¿Puedo? - me sorprende que me pida permiso, pudiéndo hacer lo que quiera conmigo. Yo asiento. Zafira me quita la goma y empieza a deshacerla con delicadeza. -Tiene un pelo precioso. Dejadme con ella.

 Mi equipo de preparación obedece y sale por la puerta a paso ligero. Ella me pasa una bata, que me pongo y abrocho y me pide que la siga. Eso hago. Me acompaña a una subsala, en la que me invita a sentarme en un sillón de terciopelo blanco.

 -Háblame de ti. - dice con interés. Puedo escuchar bien que su acento no es tan agudo como el del resto de personas del capitolio. -¿Vienes para luchar o te has rendido ya? - su pregunta me pilla por sorpresa, pues lo que un estilista debería preguntar es que aspecto quiere que me de.

 -Debo luchar. - contesto en voz seria.- Sin embargo... - me detengo.

 -Sin embargo, ¿qué?

 -No creo que gane, tengo muy pocas posibilidades.

 -No digas eso. La venganza es algo que te da ventaja. Te vuelve más fiera. Creéme que eso te dará fuerzas.- eso me asusta. ¿Cómo sabe ella...?

 -¿Venganza? - pregunto con inocencia, inténtando disimular.

 -Sé quién eres, Weir. - me llama por mi apellido. - Y lo noto en tu mirada. Tu hermano luchó hasta el final. Y eso bien lo sé yo.

 -¿Qué?

 -Fui su estilista al igual que soy la tuya. Cuando te vi en la cosecha, realmente me sentí mal. -suspiro, me sienta fatal hablar de Gaby. Me recuerda que ya no está aquí, y lo mucho que lo echo de menos. Tras una larga pausa prosigue. - Ya sé que voy a hacer contigo.

 -Siempre somos árboles o lechos de hojas. - aunque a mi hermano le sentó bastante bien lo que fuese que le hubiese echo esta mujer.

 -Este año no, Skiley. Este año vas a ser la chica de madera, ¿sabes que hace la madera?

 -¿Arde con facilidad? - pregunto dudosa. Ella niega con la cabeza.

 -La madera componen los mangos de muchas armas. Y tú, dulce Skiley, eres un arma que busca venganza.

viernes, 12 de octubre de 2012

Capítulo 5.

 Os prometí que publicaría pronto y lo he incumplido... Lo siento ;__;. Pero aquí lo tenéis recién hecho :3 Recordad, que busco colaboradores para el blog. Qué lo disfrutéis ;)

 Definitivamente, el lujo aquí está sobrado. Nuestro tren se compone del vagón común, del vagón comedor que dirige a la cocina donde preparan todo lo que les pidamos y nuestros compartimentos, donde me encuentro yo ahora, sentada en mi cama rendida ante el gigante vestidor. La cena es en media hora, Rossie vendrá a recogerme para entonces. Debo cambiarme de ropa, quiero ponerme algo cómodo pero las prendas son... demasiado diferentes a mí. Me decanto por unas mallas negras y una camiseta blanca, no me gusta, pero es lo más ''decente'' y menos estrafalario. La acompañante llama a mi puerta. Salgo y camino tras ella al vagón comedor.

 Mi compañero y Dan hablan animadamente, suelto un bufido y me siento frente a ellos. Dan no parece decidido a cansarse de fastidiar. Me mira de arriba a abajo y sonríe con descaro. Doy un pisotón en el suelo.

 -¿Es que no te vas a cansar nunca? - le pregunto borde.

 -¿De qué? - pregunta. La situación le divierte.

 Aparto mi plato.

 -Cenaré en mi compartimento. - digo. No quiero estar al lado de este chico. Es mi mentor, él supone la diferencia entre la vida y la muerte, pero es agobiante estar junto a él. Me levanto y estoy a punto de irme pero Dan me detiene.

 -Tú sabrás, pequeña. Pero considera que soy el único que puede ayudarte a volver a casa.

 -Que te den. -es lo único que digo, y camino a mi cuarto.


 ''El bosque es grande y laberíntico. Mi hermano da vueltas en círculo, incapaz de orientarse por ese lugar. Repasa sus provisiones. Tiene una botella de agua que por suerte está llena, unas tiras de cecina y  una cuerda, además de un machete que consiguió coger en la cornucopia. Bebe un par de tragos y se sube a un árbol para pasar la noche. Suena el himno y el cielo empieza a reflejar los rostros de los que han caído este primer día. Los dos del tres son los primeros en aparacer; les acompañan los dos del cuatro, lo que me sorprende, pues los profesionales no suelen morir en el primer día, el chico del seis, Evelynn..., los dos del ocho y el nueve,  la chica del diez y los dos del once y el doce. El sello del capitolio aparece y el cielo queda oscuro. Aquella noche mueren dos tributos más, provenientes del distrito cinco y empiezo a entender que esta arena será rápida y fugaz. Ya han muerto diecisiete tributos. Quedan tan solo siete.

 Yo no pude dormir. Aquella escena de Evelynn junto al montón de mantas me ha marcado por completo todos estos años. La de ella y la de él, y es que perder a las dos personas más importantes de tu vida es un golpe fuerte y duro. Un golpe imborrable.''


 Despierto en un lugar que me cuesta reconocer, pero que al fin y al cabo, llego a la respuesta. Estoy en el tren que me lleva cara a cara con la muerte, que me lleva a aquel lugar que yo y todo chico jóven de Panem -excepto del Capitolio, claro está - teme. Las tripas me rugen con furia, ayer me acosté sin cenar, se me pasó por completo comer algo furiosa como estaba. Me levanto de la cama, como ya estoy vestida, me peino algo con los dedos y me lavo la cara. Salgo y camino al vagón comedor.

 Soy la primera, lo que me hace suspirar de alivio, me viene bien estar sola. Me sirvo yo misma el desayuno hasta que la soledad dura poco. Es Joulley, el chico de doce años. Me mira expectante y deja que un avox le sirva el suyo. Comemos uno frente a otro en silencio, ninguno siente ganas de hablar. No puedo evitar pensar en que tiene más posibilidades que yo en los juegos, pues probablemente Dan le elija a él y no a mí. Suspiro y entonces él murmura las primeras palabras que le oigo decir.

 -¿Por qué odias a Dan? - pregunta en tono inocente. Yo me contengo para no gruñir.

 -Porque él me odia a mí.

 -Es mentira, Skiley. -sabe mi nombre, es un detalle supongo. -No te odia.

 Suspiro y prefiero no contestar.

 -Es nuestro mentor, quiere lo mejor para nosotros. -continua diciendo. - Intentará ayudarnos fuera de la arena...

 -Joulley. - le interrumpo. - No.

 Él baja la cabeza con aire de tristeza y sigue desayunando. Me hace sentir culpable. Mucho. Pero no puedo seguir oyéndo mentiras. Poco después de terminar de desayunar el tren se para a repostar. Aprovecho para abrir la ventana y tomar el aire. En unas cuantas horas habremos llegado a el capitolio.

lunes, 1 de octubre de 2012

Capítulo 4.

 Antes de nada, deciros que cada día hay más lectores y os lo agradezco. Porque sé que cuesta seguir una historia día a día por si os aburren algunas cosas y eso. Pero os aseguro que se volverá cada vez más entretenido. Por otro lado, busco una colaborador/a o colaboradoras/res para el blog, para que pongan noticias, videos, fan-arts... lo que quieran. Simplemente que se pongan en contacto conmigo por tuenti o por un comentario. (Mi tuenti, por si alguien no lo sabe, es Johanna Mason Tribute.) Sin más demora, os dejo con el capítulo 4.

 El oxígeno empieza a faltar, yo comienzo a marearme, y no me caigo de bruces al suelo de milagro. Es como un Deja-vú. A quien veo en la pantalla, caminando hacia el escenario con rostro asustado, es a Gaby y no a mí. Uno, dos, tres, cuatro escalones.

 La mujer capitoilense hace gestos exagerados, sonríe forzosamente y me pasa sus largos brazos rosados por los hombros. No oigo sus palabras, no oigo nada. Ella coge la segunda papeleta, la de los chicos, y dice un nombre que yo no llego a oír. A medida que recupero mis sentidos, descubro que Dan me mira. Sé lo que está pensando, en que se ha convertido en el mentor de esa chica a la que tanto le gusta fastidiar.  Mientras, el tributo masculino, sube al escenario y puedo verle mejor. Es un niño de doce años. Su pelo rizado, esos ojos oscuros y temerosos... me recuerda demasiado a Evelynn cuando la eligieron como tributo. Recordarla me provoca un nudo en la garganta.

 Rossie se despide de su ''querido'' público y nos arrastra literalmente al interior del edificio de justicia. Me encierran en una habitación en la que nos despediremos de nuestros seres queridos. Me da igual todo, sé que la única que va a venir y necesito que venga, es Danae. Y aparece, con el rostro totalmente quebrado. Me abraza. La abrazo yo a ella.

 -Tienes que ganar. No pienses en el pasado, Skiley. - contesta. No hace falta que diga a qué se refiere. Gaby.

 -Es difícil... - murmuro en tono débil.

 -Sé que lo es, pequeña. Pero tú eres fuerte. Desde hace dos años tienes una fuerza descomunal. Eres tan rápida como lo era tu hermano. - eso me hace humedecer los ojos. -Shh... - comienza a secarme las lágrimas que ruedan por mi mejilla. - No llores, no les des esa satisfación.

 Asiento, pero tardo cinco minutos en calmarme. Y se acaba el tiempo. Demasiado pronto, siempre, todo, es demasiado pronto. El agente se la va a llevar. Ella me da un beso en la frente y comienza a salir. Antes de que la puerta se cierre, dice algo con los labios sin usar la voz. Lo pillo a la primera. Es una simple y sencilla palabra, es una orden, no hace falta que me pongan una pistola en la cabeza para cumplirla. Y la palabra que Danae me ha dicho, es ''Véngale''.

 El tiempo que me queda, me lo paso acurrucada en el sillón de terciopelo que hay en la sala. Acariciando la tela una y otra vez. Sé que no vendrá nadie más. Y llevo razón, claro.

 Antes de que nos vayan a llevar a la estación me retoco el pelo y la cara, no quiero que nadie sepa que he estado llorando, no pueden saberlo. Me tacharían de débil, me convertiría en una presa fácil para los distritos profesionales.

 Me escoltan hacia la entrada, donde hay un coche esperando. Nunca he visto un coche, solo algún camión que se lleva la leña hacia los trenes de mercancías. Me monto al lado del niño, Rossie está en el otro extremo y Dan en el asiento del copiloto. Ella no para de hablar y charlotear como una loca. Resoplo con aire resignado y llegamos a la estación. Todo está lleno de reporteros y cámaras que quieren reflejar mis emociones, pero no dejo que las encuentren. Me mantengo seria y camino al tren.

 Su interior me deja completamente alucinada. Es grande y espacioso, lleno completamente de lujos y comida. Miro todo realmente fascinada. Es increíble. Nos sentamos en unos sillones con la misma tela de terciopelo que la del sillón del edificio de justicia y miro por la ventana. Dan se sienta frente a mí, mirando expectante, como si esperase a algo. Le ignoro y echo una última mirada a mi hogar. A sus aires, sus recuerdos. La primera vez que abracé a Evelynn, cuando correteaba con Gaby jugando al pilla pilla. Esos días de tormenta en los que Danae se dedicaba a peinar mi cabello. Me llevo lo mejor de cada uno de ellos, a pesar de que dos ya no estén aquí. Y también me llevo otra cosa. Una palabra que retumba en mi cabeza. ''Véngale.''

jueves, 20 de septiembre de 2012

Capítulo 3.

~Hace 24 horas.~

Me despierto sudorosa antes de que suene el gong, otra vez. Todas las noches igual, siempre soñando con los juegos de Gaby. Ya estoy acostumbrada, aún así es todo tan nítido que duele, y mis lágrimas salen por sí solas. Me siento en la cama y me quito el pelo pegado a la cara, me ha crecido mucho en los últimos años, cae liso sobre mi espalda, revuelto. Mi mirada recorre la habitación, por la luz que se cuela en la persiana, debe de estar amaneciendo en estos momentos. Mary sigue durmiendo, con leves ronquidos, tranquilamente. Vislumbro un trozo de papel en el suelo, deben de haberlo pasado bajo la puerta. Suspiro y me levanto a cogerlo.

 ''¿De qué color es tu ropa interior hoy? D.''

 -Agh. - gruño no demasiado alto. Desde aquella jugarreta en la que me empapó y se vió mi sujetador azul no para de incordiarme. Es asqueroso. Despreciable. Inmaduro. Arrugo con fuerza la nota y la lanzo a la papelera encestando.

 Tras ducharme, vestirme y peinarme, viene Danae a despertarnos, pues es otro día más en el orfanato. Me mira de una forma un tanto especial, sabes que mañana es mi día malo. Suspiro devolviéndole la mirada agradecida, es la única persona que puede ayudarme.

 El día transcurre lento y aburrido, tomo mi comida en una mesa sola, pues quién no se relaciona con Dan Lewis no es ''guay''. Justo es él quien se acerca y se pone frente a mí.

 -¿Cómo estás, Sky?- me pregunta con tono vacilón. No soporto que me llame así.

 -Es Skiley, y no te importa.

 -Lo digo en serio, Sky. - dice sonriéndo, esto le divierte. - Me pregunto como será tu rop...

 -¡Cállate! - chillo interrumpiéndole, los demás me miran, pero yo me he contenido demasiado. Cojo mi vaso de agua y le empapo. Me levanto y me voy de mal humor.


~Actualidad.~

 ''Tras sonar el gong, anunciante de que empiezan los décimo octavos juegos del hambre, los tributos salen disparados a la cornucopia, algunos prefieren evitar el baño de sangre y se van con las manos vacías. Yo sólo tengo ojos para Gaby y Evelynn. Es a esta última, a mi mejor amiga, a la que una chica de pelo rojizo, proveniente del distrito dos, la arrincona entre unas cuantas mantas, que acaban manchadas de sangre. Chillo con agonía, Evelynn... sólo tenía doce años... Las lágrimas brotan con rapidez y me abrazo a Danae temblando de miedo. Mi mejor amiga ha muerto.

 Por suerte, mi hermano no corre la misma mala suerte, se hace con un machete y una mochila antes de que un profesional, creo que el chico del cuatro, note su presencia, el chico de pelo cobrizo está armado con un tridente. Me muerdo el labio hasta sangrar, viéndo la herida profunda en el brazo de Gaby, pero este ha conseguido deshacerse del profesional y huir por un bosque de pinos que hay hacia el oeste. La sangre sigue manando de su hombro.

 Suenan quince cañonazos ese primer día. Después, todo es silencio.''

  Despierto. Intentando respirar, pero me quedo así cuatro minutos, agonizando, tratando de tomar aire, pero no lo consigo. Me doy golpes tontos en el pecho, cuando recupero mis pulmones, echo a llorar. Por Evelynn, por Gaby, por todo. Porque hace cuatro años, se llevaron a mi hermano para siempre. Es el día de la cosecha.

 Ya dejé atrás aquel vestido blanco que me puse en mi primera cosecha, hoy llevo uno violáceo, con mucho velo y largo, lo complemento con una trenza que hace Danae con sus arrugadas manos. Solo hoy me doy cuenta de que ya no es esa mujer cuarentona que me ayudó a mis diez años, ahora tiene casi cincuenta y su pelo canoso llega hasta encima de sus hombros, es de las pocas personas regordetas en el distrito y ya se ve algo de vejez en su rostro. Ella me acompaña a la plaza, pues no quiero ir con nadie más del orfanato. Me registro y ocupo mi lugar.

 Han cambiado a la mujer, ahora es una mujer de piel estampada con flores, totalmente ridícula. Pero se limita a hacer la misma cosecha de todos los años. Por otro lado, el alcalde ocupa su silla y a su lado está Dan, pues será el mentor este año.

 Cuando llega el momento, Rossie, pues así se llama la acompañante, saca una papeleta de la urna y se acerca al podio a leer:

 -Skiley Weir.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Capítulo 2.

 ''Y mi respiración se corto, mi vista se volvió oscura y caí de bruces al suelo. Cuando desperté, él ya se había ido al capitolio, lejos, muy lejos, sin habernos podido despedir. Me hundí en la miseria. Gaby, ¿volvería a casa conmigo?''

 ~Hace 3 años.~

 Maldito sea. Lo odio. Dan Lewis, vencedor de los Décimo Novenos juegos del hambre y nuevo alumno en el orfanato del distrito 7. Se rumorea que su numerito en la arena - quemar una porción de bosque para cargarse una manada de mutos - le había costado la vida a sus padres. Al principio estaba afectado, e incluso me sentía bastante mal por él, pero luego cambió, cambió para ser el descarado y prepotente Dan. No solo es un creído, además es un inmaduro que ha de meterse conmigo para sentirse mejor.

 -Venga, no seas aguafiestas. - dice en tono descarado y siguiéndome. Como respuesta le cierro la puerta en las narices.

 Me quito la ropa empapada y me pongo el camisón, no pienso ir a cenar, no pienso moverme de aquí. Me muerdo el interior de mis mejillas con fuerza, haciendome sangre y desahogando mi rabia. Pero eso no basta. <<No llores - me digo a mí misma.- No merece la pena.>> Pero es demasiado tarde. Lloro con furia, con rabia, muerdo mi almohada y la pego con todas mis fuerzas. Humillada y avergonzada, al poco se abre mi puerta. No da tiempo a esconder mi rostro, mi compañera de habitación, Mary, entra con una sonrisa.

 -¿Qué te pasa? - me pregunta intentando no sonreír, pero no lo consigue, lo que me hace enfadarme más.

 -¿¡Acaso no lo sabes!? - exploto furiosa. -¿¡Es que no has visto lo que ha echo ese imbécil!?

 -Pero no es para tanto, solo te ha mojado un poquito, una broma sin importancia. - dice en tono inocente. -¿Pero Dan.... no te parece increíble?

 -Oh, claro... ¡Increíblemente idiota! - chillo malhumorada y le doy la espalda, cansada de tonterías. Me pregunto que le ven todas las chicas del orfanato. No tiene ningún sentido. Paso el resto de la tarde hecha un ovillo en mi cama, intentando no dormir, ya que, siempre que lo hago, las pesadillas acuden a mi mente a la velocidad de la luz. Ya no sueño con mi padre, pero sí con lo sucedido hace un año, sí sueño con los juegos de Gaby, sí sueño con su muerte, y con la de Evelynn, sueño con que algún día pueda correr la misma suerte. Mis párpados se cierran sin que pueda evitarlo.

 ''Su rostro se refleja en el viejo televisor lleno de polvo del salón del orfanato. Ha cambiado, le han quitado algunas imperfecciones de su cara, a pesar de que para mí siempre ha sido guapo, pese a las cicatrices de las palizas diarias de nuestro padre. Ahora tiene el pelo corto e iluminado, las cejas menos peludas, y no tiene esos cuatro pelos que le habían salido en su barbilla. Se muestra sonriente, pero soy la única en este mundo que puede descifrar sus verdaderas emociones. Caesar Flickerman, de pelo violeta y pestañas y cejas del mismo color, se sienta presentando a los tributos uno por uno y entrevistándolos. Mi hermano se muestra simpático y optimista, con el deseo de ganar.

 -¿Hay alguna razón por la que quieras luchar y ganar estos juegos? - le pregunta.

 Él, sin duda alguna en su respuesta lo dice.

 -Mi hermana. Tengo que volver con ella.

 -Oh, lo entendemos. - el público ovaciona con gesto afirmativo.

 -Háblanos de ese siete en el entrenamiento. ¿Te esperabas más nota? Porque siete es bastante increíble. - sonríe.

 -Se supone que no puedo decir nada. - se sonroja y sonrío, pues conociéndolo como lo conozco sé que se las habrá apañado con los machetes con los que trabajamos aquí en casa, nuestro punto fuerte también es la escalada, y sabemos sobrevivir en el bosque con tan solo madera. Empezamos a ir a los bosques a los catorce años, él solo ha ido unos meses, pero le han bastado para saber apañárselas, además es fuerte y rápido.

 -Entiendo, aunque nos morimos por saber que has hecho ante los vigilantes. - se ríe de forma exagerada, al menos en mi opinión. -¿Qué es lo que más te ha sorprendido desde tu llegada al capitolio?

- Todo es... extraño. Hay mucho color. - la gente se ríe ante su respuesta, yo no le veo la gracia, parecen caramelos con patas. - Yo... Nunca había visto tanto lujo, la comida es exquisita. 

 -Oh, y que lo digas, Gaby. - dice asintiendo. Es entonces cuando suena el zumbido. Demasiado pronto, esto acaba demasiado pronto. -Ha sido un placer entrevistarte, te deseo toda la suerte del mundo, Gaby. ¡Un fuerte aplauso para el tributo masculino del distrito siete! - y mi hermano baja del escenario. La próxima vez que lo vea, estará en los décimo octavos juegos del hambre.''

lunes, 10 de septiembre de 2012

Capítulo 1.

 ~Hace cuatro años.~

 Despierto justo antes de que mi padre pueda pegarme un puñetazo. Un sudor frío recorre mi frente, mi nuca y mi espalda. El vello de mis brazos está erizado. Y mi corazón late frenético, intentando recuperarse de mi pesadilla. Me levanto de un salto y voy corriendo al baño del final del pasillo, abro el grifo de agua fría y me empapo la cara. ''Tranquila Skiley -pienso. - Él no va a volver.''

 Y no lo hará. Hace tres meses, un vecino de nuestra misma calle, fue a un agente de la paz, alarmado por los gritos que provenían de nuestra casa. Encontró a Gaby de rodillas, mi padre le apuntaba con una escopeta, arma que había adquerido hacía algún tiempo atrás, robándola. Yo lloraba en una esquina. Lo ejecutaron por ello. No derramé ni una lágrima por su muerte. Después de eso nos trasladaron aquí, al orfanato del distrito siete que, aunque sea bastante malo, es mucho mejor que mi anterior y desgraciada vida.

 Me seco la cara y suspiro, volviendo a recorrer el pasillo hacia mi cuarto. Evelynn, mi compañera de habitación y mi amiga, ronca levemente. Hoy nadie viene a despertarnos, ni lo harán, porque es el día de la cosecha. Es mi primer año en ese maldito sorteo de los nombres, y tengo miedo, a pesar de que no me he visto en la necesidad de coger teselas a cambio de que mi nombre entrase más veces, en cambio, mi hermano Gaby, desde los doce años estuvo bajo la presión de nuestro padre, que no aguantaba pasar hambre aunque pudiesemos vivir bien por aquel entonces. El resultado de ese sorteo es sencillo, pero duro. Los dos elegidos de cada distrito, chica y chico, son llevados a un estadio en el que luchan entre ellos hasta quedar solo uno, que es recompensado con una vida fácil y llena de riqueza. Todo esto lo organiza la ciudad que gobierna todo Panem, El Capitolio.

 Retiro estos pensamientos de mi cabeza mientras abro mi armario, pues ya me resultará imposible dormir, busco ropa decente, pues en un día así no se puede llevar cualquier cosa. Un vestido blanco con volantes. Cojo la vestimenta y vuelvo al aseo, donde me doy una gran ducha y lavo mi pelo en profundidad. Salgo cuando ya han comenzado a despertarse, en el orfanato nos separan por sexo en dos edificios y el nuestro es algo más grande debido a que somos más chicas que chicos, solo coincidimos en las clases y comedores. Saludo amablemente y me visto. Envuelvo mi pelo en una toalla y camino a las habitaciones de las profesoras, buscando a Danae, Danae es una de las personas más importantes a parte de Gaby, ella es como una madre para mí. La encuentro saliendo por la puerta de su habitación. Me sonríe amablemente y pone sus manos sobre mis hombros.

 -¿Estás preparada, cielo? - me pregunta con amabilidad.

 -No. - contesto sinceramente.

 -Oh, lo entiendo. - dice. - Debe de ser duro. Pero no te preocupes, las posibilidades de que salgas son una entre miles. - sus palabras deberían tranquilizarme, pero no lo hacen. - Te voy a arreglar el pelo. - dice quitándome la toalla y abriendo de nuevo la puerta de su cuarto. Entramos y ella me hace sentarme encima de su cama. Coge un cepillo de su tocador y comienza a peinar mi cabello. Cuando ha terminado, dos finas trenzas viajan por mi frente mientras el resto del pelo cae sobre mis hombros. La abrazo agradecida y voy en busca de Gaby, bajamos a desayunar sin pronunciar palabra, pues los dos estamos asustados y preocupados el uno por el otro, al igual que todos en este día.

Comemos lentamente, la comida se me hace bolas y pienso que estoy masticando goma. Cuando acabamos, salimos junto a otros chicos a las calles del distrito, en dirección a la plaza, donde será la cosecha. Voy cogida de su mano todo el camino, hasta que nos separan y, tras fichar en los registros, nos colocan por sexo y edades. Miro a sus ojos castaños todo el tiempo, pues logran tranquilizarme y pensar: ''Una entre miles.'' Pienso en él, a sus catorce años, tiene dieciséis veces su nombre en esa dichosa urna. Me fijo en el gran escenario, situado justo delante del edificio de justicia. Sobre él, un podio y las dos semiesferas de cristal, la de los chicos y la de las chicas. Al fondo, el alcalde, el mentor, y la acompañante, charlan animadamente. Ésta última mira su reloj de joyas y con una sonrisa felina, y nunca mejor dicho, pues parece un gato, va hacia el podio dando saltitos.

 -¡Bienvenidos! - canturrea en voz aguda. - Ha llegado el día en el que elegiremos a dos tributos del maravilloso distrito siete. - sus falsos halagos son demasiado obvios. - Para que tengan el honor de participar en los décimo octavos juegos del hambre. - hace una pausa y prosigue. - Ahora queremos mostraros una grabación traída desde el capitolio, ''El origen de los juegos.''

 Hago caso omiso y me centro en mi hermano. Debemos de ser fuertes. El video acaba y la mujer dice la típica frase de todos los años: ''Felices juegos del hambre y que la suerte esté siempre de vuestra parte.''' Luego sonríe, pero nadie más lo hace.

 -Las damas primero. - dice con su estúpido acento del Capitolio. Y así hace, camina a la urna y regresa al podio con una papeleta. Cierro mis puños con fuerza y miro a las chicas de mi alrededor, una de nosotras va a enfrentarse cara a cara a la muerte. La acompañante gatuna abre el papel y se situa frente al micrófono para leer claramente: - Evelynn Hook.

 Mi mejor amiga empalidece a tres chicas a mi derecha, yo también. Abrimos un pasillo, pero yo retrocedo un mini paso tan solo, cuando Evelynn está junto a mí, estrecho su mano, mostrándole lo mucho que la aprecio. Sube lentamente y yo sigo en este estado de shock en el que me encuentro. La mujer pide un aplauso que nadie da y va hacia la urna de los chicos.

 Evelynn da vueltas en mi cabeza de tal forma que yo no me doy cuenta de que, la mujer-gato, dice el nombre de mi hermano.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Introducción.


~Hace seis años y unos meses.~

Lo único que recuerdo es a mi padre chillar como un loco, levantando la mano que iba a mi mejilla, pero que acabó en la de Gaby, que se había puesto delante de mí. Apartó a mi hermano de un empujón y me tiró al suelo, donde me daba unos bofetones tan fuertes, que lloraba de dolor. Mi hermano le cogió de los hombros, apartándolo de mí, pero él se avalanzó sobre Gaby, estampándole sus puños en la cara.

 Yo no podía hacer nada para evitarlo y pasó mucho tiempo hasta que ese monstruo que era mi padre se cansó de golpear. Para entonces, mi hermano tenía el rostro amoratado e hinchado. Caí de rodillas ante él, sorbiéndome la nariz y secándome la cara, que aún dolía, y sangraba, aunque no tanto como la de él. Cogí el pequeño botiquín de casa, cuyo contenido no era demasiado útil. Me mordí los labios y le puse un trapo en la boca, para verter alcohol en su cara.

 Chillaba y chillaba, mordiendo la tela con todas sus fuerzas; le limpié el rostro bajo el grifo de la cocina y pude ver mejor dónde los golpes habían dejado huellas imborrables. Él me abrazó y me susurró una frase que yo me repetiría a partir de entonces, todos los días de mi vida:

 ''Skiley, no te dejes romper.''