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lunes, 21 de enero de 2013

Capítulo 17.

 Bianca es la primera en salir, su aspecto es atractivo y glamuroso. Va vestida con un cortito vestido con transpariencias en la cintura y en las costillas. Era de esperar. El mismo aspecto pueden lucir los demás profesionales. Los tributos masculinos son maquinas de matar. Y los femeninos, el deseo de todos hecho realidad. No me sorprende ver que Alice está completamente desnuda salvo por unas cuantas escamas plateadas que cubren sus zonas más íntimas. Me muerdo con fuerza el labio, reprimiendo la rabia que me provoca. Dakota me coge de un brazo cariñosamente cuando la chica del 5 sube. Su vestido es tan impresionante que abro un poco los ojos. Es como si no llevase tela. Como si simplemente estuviese envuelta en fuego. En ardiente fuego rojizo y anaranjado. Mi aliada me hace mirarla, no tan impresionada como yo.

 -¿Cómo estás? - pregunta con una débil sonrisa. La veo apagada, y triste.

 -Diría que bien. Pero sería mentira. ¿Tú?

 -Nerviosa. - contesta simplemente.

 Por alguna razón, su sonrisa oculta un sentimiento completamente desvelador, sé que está cansada de luchar contra algo que no puede superar. Como yo en cierto modo. Pero yo he vivido con el demonio. He sufrido la muerte de mi hermano. No he conocido a mi madre. No creo que morir en los juegos del hambre sea mucho peor.

 Las entrevistas avanzan. Dakota y yo nos damos la mano de forma que nuestros nervios quedan tensados ahí. Y entonces llega mi turno. Tan pronto que no lo veía venir.

 Un hombre vestido por completo de negro me tiende la mano para ayudarme a subir al escenario. Me despido de mi amiga con un gesto de cabeza y me dejo llevar cara a cara con el público. Los sonidos son fuertes. Las luces tan altas que por un momento me ciegan. Luego está la voz de Caesar, con su cabello y cejas color escarlata. Su sonrisa forzada no se quiebra en ningún momento, y su voz retumba en mis oídos. Me cuesta entender lo que dice hasta que logro volver a la realidad.

  -Bueno, Sky, precioso vestido. Y en el desfile nos dejaste igual de impresionados. ¿Que nos cuentas sobre este?

 -Que Zafira es la mejor estilista del mundo - digo sin dudar en ningún momento. Él sonríe, parece que lo único que quiere es facilitar las cosas. Pero veo que me equivoco cuando dice la siguiente pregunta.

 -Esto será algo duro para ti, después de que tu hermano viniese en los décimo octavos juegos del hambre, supongo. ¿Cómo lo llevas en ese sentido?

 -Yo... - miro hacia el público de forma embelesada, y encuentro los profundos ojos de Zafira. - Él... era la persona que más quería en este mundo... Y... Sólo puedo decir que necesito ganar por él. Quiero que le recuerden.

 Palabras equivocadas. El Capitolio olvida a quienes mueren, sólo los ganadores quedan grabados en sus mentes. Sé que no he dicho lo correcto, pero no me arrepiento de mis palabras.

 -Entendemos... - Caesar prosigue. -Ahora vamos ala cuestión de la que más se habla en todo el Capitolio y que a todos nos interesa. - dedica una mirada cómplice al público y a las cámaras y vuelve a mirarme. - Dan Lewis. Tu mentor. ¿Hay algo entre vosotros dos, Sky?

 Y ya lo ha soltado, sabría que pasaría. Me tranquilizo mentalmente, debo responder con calma, que parezca que soy sincera. Pero el propio Dan se me adelanta, esquivando a los ''guardaespaldas'' que intentan contenerle.

 -¡Puedo contestar a eso!... - se calma y se acerca a mí. Me acaricia el pómulo derecho y cierro los ojos, conteniéndome para no gritarle delante de todo Panem. Es que no lo entiendo, Se supone que lo llevabamos en secreto. Ahora todos pensarán mal. Y es que crean lo que crean, tanto si lo nuestro es real como si no, el odio no se apagará.  -Puedo contestar a eso. - susurra, bajando el tono de voz.

 -Muy bien. - Caesar parece animado, cruza una pierna y apoya su cara entre sus manos, que a su vez se apoyan en sus rodillas. - Esperamos impacientes esa respuesta.

 -La quiero. - busca una cámara y se dirige a ella. Yo miro mis pies. - La quiero con locura. Que lo sepa todo Panem. Que esta chica es el motivo de mi ilusión. - coge ligeramente mi barbilla y me besa. Ni siquiera cierro los ojos, me limito a reprimir los insultos en mi cabeza. Cuando se separa, todo empieza a formarse en gritos y aplausos emocionados. Tanta falsedad me enfurece.

 -¡Bueno, Bueno! ¿No os parece precioso, amigos? - todos vociferan respuestas positivas. -Aunque siento comunicaros que el tiempo de nuestros queridos tortolitos ha terminado. Dan sonríe y me besa la frente. Sale corriendo de forma inesperada. Frunzo el ceño y le voy a seguir. Pero Caesar me detiene y levanta mi mano bien alto para despedirme. - ¡Skiley Weir del distrito 7!

 A la primera oportunidad de zafarme, corro, los zapatos de madera me incomodan los pasos, por lo que me los quito y voy descalza y de mal humor.

 -Bonita entrevista, cieeelo. - sólo una persona tiene esa estúpida voz que tintinea en la palabra cielo. Sus cabellos pelirrojos salen a descubierto mientras se acerca a mí de forma violenta. - Pero no para nosotras. - Puedo ver como Bianca y Sebastian, chico del 5, salen también de entre las sombras bajo el escenario. Es Alice la que me empuja contra la pared y me aprieta con fuerza los omóplatos. - ¿Acaso crees que puedes ganar con una rebuscada mentira? ¿Crees que por tener más patrocinadores vas a escapar de los profesionales?

 La miro. No tengo miedo. No tengo miedo. Pero sí lo tengo. Sus manos cogen mi falda otoñal.

 -Preciosa, no cabe duda. - y la arranca con fuerza de su sitio.

 -¡Dejadme tranquila! - chillo todo lo que mi garganta me permite,

 -¡Oh, dejadme! - repite burlona Bianca, que se ríe junto a Sebastian. - Qué penita, de verdad...

 Estoy furiosa. Siento frío en las piernas. Pero calor en el pecho. Tarde o temprano vendrá alguien cuando vuelva de su entrevista. Entonces sé quién va después de mí. Joulley. Y no me permitiré que le hagan daño a él. Respiro hondo mientras la profesional aprieta mis hombros fuertemente, dolorosamente. Aprieto los dientes e intento darle una patada en las costillas. Pero detiene mi pierna y tira de ella hasta tirarme al suelo.

 -¿Bianca? - canturrea. La aludida sonríe y la pasa un pequeño aunque afilado cuchillo. No será capaz... ¡Joder, no! ¡Eso es ilegal! - Bueno, cielo, pensamos que...¿qué mejor que decorar un hermoso cielo que con un precioso sol? - acaricia el pómulo que dan acarició con la punta del arma que no tiembla en su mano. Baja hasta mi garganta, dónde sonríe y luego rueda por mi piel, posándose en mi hombro. Está a punto de hacerlo, de apretar con fuerza, pero algo me salva. O alguien. Zafira.

 -¡SOLTADLA AHORA MISMO! - los profesionales se dan la vuelta. Podrían destrozarla, podrían destrozarnos a las dos. Sin embargo, se dan por vencidos. Mi enemiga me mira por última vez. Me acaricia la mejilla y la aparto de un manotazo.

 -Nos vemos mañana, preciosa. -ríe de forma cantarina y los tres abandonan el lugar. Abrazo a mi estilista, dejando que todo explote, que mis lágrimas empapen su vestido rojo. Ella me acaricia la cabeza mientras me susurra muy bajito:

 -Ya está... Tranquila, Sky. - me hace mirarla y me guiña un ojo. - No te dejes romper.

 Pero eso no hace más que aumentar mi llanto.



 Cuando subimos a nuestra planta, Joulley ve la televisión, Rossie picotea un pastel de chocolate y Dan no está a la vista.

 -Tengo que... - Zafira asiente y se une al pequeño.

 Camino hacia la puerta sujetando el lecho de hojas, Zafira lo ha sujeto como ha podido a la coraza de madera, aunque sé que lo han destrozado del todo. Llamo a la habitación de Dan cuando oígo el agua correr. Entro y cierro. Me dirijo pues a la puerta del cuarto del baño, el sonido aumenta. Llamo.

 -¿Dan? - él no contesta. -¡DAN! ¡Te exijo que me abras la puerta si no quieres que entre a la fuerza!

 -Me da igual que me veas desnudo, Sky. - parece divertido.

 -¡Dan!

 -Vale, vale... - el agua se corta y todo es silencio hasta que por fin se gira el pomo.

 Está desnudo. Sólo una toalla se envuelve alrededor de su cintura. No es la primera vez que veo su torso. Pero las pequeñas gotas de agua que caen desde su pelo a su cuerpo... Le favorecen de un modo casi hipnótico. Me quiero dar un tortazo. Me obligo a mirarle a la cara.

 -¡¿Qué mosca te ha picado?! ¡¿Cómo se te ocurre decir todo eso ante las cámaras?! Agh... - le doy la espalda mirando hacia la ventana.

 -Sky... - le ignoro. - Sky...

 Se acerca y me posa una mano sobre mi hombro, suelto un siseo.

 -¿Qué ocurre?

 -Un pequeño incidente. Que quizá no hubiese pasado de no ser por todo lo que has dicho. - él frunce el ceño. - es cierto... Yo... pensé, pensé que querías que volviese, que volviese contigo. Y lo que has hecho es mandarme a la muerte directa. - las lágrimas ya empiezan a nacer. Otra vez.

 -No quería... hacerlo. - baja la mirada y suspira. Él amenaza también con desbordarse en cualquier momento.

 Lo único que nos salva de no llorar juntos es Rossie, que llama a nuestra puerta.

 -Chicos, un mensaje del capitolio, tenemos que verlo en el salón en cinco minutos. - ambos nos miramos extrañados. Sólo anuncian cosas de vital importancia, ¿qué puede ser a estas alturas? Yo me doy la vuelta mientras Dan se viste, fuera de bromas con que sabe que le miro de reojo. Y salimos. El presidente Snow está en pantalla.

 -Buenas noches, Panem. Buenas noches, tributos de los vigésimo segundos juegos del hambre. Siento tener que comunicarles una triste y cruel noticia. Y es que uno de nuestros queridos tributos, ha fallecido. - todos soltamos un jadeo, es algo bastante inusual, aunque no es la primera vez que ocurre. - La pobre desafortunada es - no tarda mucho en decir el nombre, aunque yo desearía con todas mis fuerzas que fuese Alice aunque no sea posible. - Dakota Jhonson, del distrito textil. Te echaremos en falta, Dakota. - una foto con su nombre, sale en pantalla.

 Dakota. Mi única aliada. La única persona que me creyó desde el principio.

 Me han dicho muchas veces que no me deje romper.

 Pero me rompo.

2 comentarios:

Isabel Cembellín g dijo...

muerta... ale... ya lo he dicho... x_x

Isabel Cembellín g dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.